TAMPOCO HAGAMOS UN DRAMA.
Buenos Aires, 05 de Octubre de 2026.
A Leo.
MAÑANA SE JUBILA MESSI. Me parece bien. A esta altura, uno ya vio jubilarse a unos cuantos futbolistas. Mejores, peores, tipos que uno quiso mucho. Algunos hasta parecían imprescindibles y después resultó que no. Al domingo siguiente hubo partido igual. Así que tampoco hagamos un drama. Además, él va a estar bien. Tiene mujer, hijos, amigos. Seguirá jugando un tiempo en Miami. Después supongo que tendrá que aprender a jugar al pádel, llevar a los chicos al colegio, hacer asados los domingos. Lo que hace cualquier jubilado. El problema, en todo caso, es nuestro. Porque nosotros también vamos a tener que acostumbrarnos. Nada grave. Habrá que acostumbrarse a mirar una formación de Argentina y que su nombre no esté. A que alguien agarre la diez. A que haya un tiro libre al borde del área y no pase nada especial.
Al principio va a ser raro. Después, como todo, uno se acostumbra. Ya nos acostumbramos a otros. Lo que pasa es que con este muchacho se nos fue un poco la mano. Primero le pedimos que jugara. Después que jugara bien. Después que ganara. Después que ganara algo. Después que ganara una Copa América. Después un Mundial. Después que volviera. Después que no se fuera. Después que jugara uno más. Y otro. Y otro. La verdad es que tampoco estuvimos muy bien nosotros. Porque al tipo le pedíamos cosas. Y el tipo, bastante seguido, las hacía. Eso genera una costumbre. Y las costumbres son peligrosas, porque el tipo te gana una Copa del Mundo y vos el martes ya le estás pidiendo otra cosa. Un gol. Un tiro libre. Una final. Una alegría. Cinco minutos más. Hay gente que le pide cosas así a San Cayetano y no sé si San Cayetano tiene semejante porcentaje de efectividad. Por eso me parece bien que se vaya. En algún momento hay que poner un límite.
Además ya somos grandes. Tendremos que aprender a resolver nuestros propios problemas. Si estamos perdiendo, veremos qué hacemos. Si faltan diez minutos, veremos. Si hay un tiro libre al borde del área, que le pegue otro. Alguno habrá. Tampoco puede ser tan difícil. Lo único que habría que resolver es qué hacemos con él ahora. Porque a los grandes jugadores se los pone en los libros. A los campeones, en las fotos. A los próceres, en los billetes. Pero con este se nos mezclaron un poco las categorías. Capaz habría que hacerle una estampita. Una cosa sencilla. Sin exagerar. Una foto de frente. La camiseta argentina. Una aureolita. Y atrás, en vez de una oración, podríamos poner los pedidos. Para cuando un partido viene torcido. Para cuando faltan dos minutos. Para cuando un hijo pregunta si alguna vez vimos jugar a Messi. Para cuando necesitemos explicar que hubo una época en que, si la pelota quedaba cerca del área, nosotros creíamos. Creíamos de verdad.
Mirá la estupidez que estoy diciendo. Una estampita. Debe ser que me estoy poniendo viejo. Mañana se jubila Messi. Nada más. Un futbolista. Uno muy bueno, sí. Pero un futbolista. Ahora, habría que ver qué entiende él por jubilarse. Porque uno dice «me jubilo» y parece que hubiera explicado todo, pero hay jubilados que siguen yendo al negocio todas las mañanas. Mi tío se jubiló de la ferretería y durante ocho años abrió a las siete. Decía que iba a darle una mano al hijo. El hijo llegaba a las nueve y ya había discutido con tres proveedores. A veces ni lo dejaba entrar al depósito. No digo que Messi tenga que hacer eso. Sería incómodo para el técnico encontrarlo en el vestuario cada vez que juega la selección. Pero entre seguir jugando todos los partidos y desaparecer por completo tiene que haber alguna alternativa. Eso se podría conversar.
Por ejemplo, podría quedar disponible para consultas. Sin horarios, sin obligación de ir a las concentraciones. Está en su casa, tranquilo, y si surge una dificultad se lo llama. Tampoco por cualquier pavada. Si un lateral no sabe a quién dársela, que aprenda. Pero supongamos que Argentina está empatando cero a cero, faltan quince minutos y el nueve nuestro ya se peleó con los dos centrales, con el árbitro y con uno que alcanza las pelotas. Ahí me parece que una llamada se justifica. «Lionel, disculpá que te joda. ¿Vos estás viendo esto?». Capaz él ve algo que nosotros no vemos. Un espacio. Un movimiento. Que el arquero está un poco adelantado. Con que nos diga por dónde empezar, después nos arreglamos. El inconveniente sería si nos dice que hay que enganchar para adentro y ponerla en el ángulo. Porque él también tiene esa costumbre, te da una solución que sirve si sos Messi. Habría que explicarle que necesitamos algo que puedan hacer los que quedaron. Y si no hay, bueno, tampoco vamos a discutir con un jubilado. Se le agradece, se corta y se sigue jugando.
Aunque, si vive cerca de la cancha, por ahí podría acercarse. A mirar, digo. A veces por televisión no se aprecia bien dónde está el problema. Una vez ahí, podría sentarse en el banco. En la platea lo van a volver loco con las fotos, y tampoco es cuestión de que pague una entrada para venir a ayudarnos. En el banco está entre conocidos, toma unos mates, comenta lo que ve. Yo le dejaría una camiseta a mano. Por una atención, más que nada. Si viene el tipo que más hizo por la selección y no tenemos ni una camiseta para darle, somos unos miserables. Un pantalón también. Los botines seguramente los lleva él, porque esa gente tiene sus cosas y no le gusta andar pidiendo prestado. Después, si faltando cinco minutos el técnico lo mira y él se levanta, yo no veo quién tendría autoridad moral para sentarlo. Habría que ser bastante desagradecido.
Pero ya estaríamos otra vez con lo mismo. El hombre se jubila mañana y yo le estoy preparando el bolso. Lo del bolso, de todos modos, queda descartado. Porque si entra y nos salva, ¿qué hacemos en el próximo partido? ¿Lo volvemos a llamar? ¿Y si entra y no puede? Esa posibilidad también existe. Uno la menciona poco porque enseguida aparece algún imbécil que dice que no confiás en Messi. Yo confío. Justamente por eso habría que dejarlo tranquilo. Que mañana juegue lo que tenga que jugar, salude, dé la vuelta y se vaya. Nosotros aplaudimos. Después el técnico tendrá que pensar cómo se arregla con los que tiene. Para eso le pagan. Uno puede ayudar en muchas cosas, pero tampoco puede hacerle el trabajo a todo el mundo. Eso sí: cuando levanten el cartel, que salga por el medio. Ahora tienen esa costumbre de hacerlos salir por la línea más cercana para no perder tiempo. Muy bien. Con los otros, perfecto. A este déjenlo cruzar la cancha. No vamos a llamar a un escribano por cuarenta segundos. Que camine tranquilo, que salude a los compañeros, que le dé la cinta a alguno. El árbitro puede ir mirando el reloj, si quiere. Y cuando llegue al banco, que se siente. Que no se meta enseguida en el vestuario. Puede quedarse un rato con nosotros. Ahora que está jubilado, tiempo tiene.
Nicolás Ferrario Marín
Buenos Aires, 05.10.2026
Entrada "La Gloria" a la Cripta de Belgrano. - 📸 Nicolás Ferrario Marín
Belgrano mira a Messi jugar. (2005) - 📸 Nicolás Ferrario Marín
Messi y Belgrano se miran (2005) - 📸 Nicolás Ferrario Marín

